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Revista "Madre Tierra"
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sábado, 27 de enero de 2018

Abucheos en Cosquín por recordar a Maldonado y a Nahuel

El grupo María y Cosecha recibió una silbatina en la Próspero Molina

El conjunto folklórico proyectó en el escenario las imágenes del artesano desaparecido en Chubut el 1 de agosto y del joven muerto durante una embestida de la Prefectura Naval en Río Negro. Los chiflidos se confundieron con algunos aplausos.
La imagen que generó abucheos en Cosquín.
La imagen que generó abucheos en Cosquín. 
Imagen: Captura de pantalla
La tercera jornada del Festival de Cosquín dejó un gusto amargo entre los espectadores a raíz de los silbidos que recibió María y Cosecha, un grupo creado hace veinte años, y que desde el escenario Atahualpa Yupanqui homenajeó a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel. 
El conjunto, que tenía previsto un show de quince minutos, dedicó uno de sus temas, “Galopes y relinchos”, a los docentes, que fue acompañado por dos bailarines con guardapolvos blancos con un mensaje estampado: “Educar es un acto político”. Al final de su actuación, se proyectaron en el escenario las imágenes de los dos jóvenes muertos en los territorios mapuches, y los silbidos de una parte de la tribuna de la Plaza Próspero Molina opacaron los aplausos.
“Gracias por respetarnos, gracias por la tolerancia”, respondió María Ledesma, una de las integrantes del grupo que se despidió interpretando una zamba. En la conferencia de prensa posterior al show advirtió que "la democracia nos da la posibilidad de expresar si estamos de acuerdo o no y nosotros como artistas no podemos dejar de hacerlo".

Jorge Cafrune

 


En el trasncurso del Festival de Cosquìn 2018, màs precisamente el jueves 25 de enero, se realizò un homenaje al "Turco" Jorge Cafrune. Un artista que nos dejarà ya, hace muchos años. Este 1º de febrero se cumplen 40 años de su fallecimiento, en un accidente en la ruta 27 en la localidad de Benavidez (donde una plazoleta, lleva su nombre).

Muchos de los artistas de hoy, llevan remeras con leyendas en otro idioma, se presentan con vaqueros y, acompañan las presentaciones con atuendos no tradicionales, cuando, por ejemplo "el Turco", siempre llevaba la vestimenta tìpica de nuestros gauchos. Esos son ejemplos a tomar y, seguir. Aquì, una canciòn de Jorge Cafrune, en la pelìcula "Ya tiene comisario el pueblo".

viernes, 29 de enero de 2016

Nuestra Música: Zamba de Vargas

En estos meses que, se desarrollan la gran mayoría de los festivales del folklore nacional, es un buen momento para aprovechar y, recordar nuestras raíces, nuestra tradición y nuestra historia; en este caso con Zamba de Vargas, se recuerda el esfuerzo criollo de Felipe Varela (el  Quijote de los Andes) y, sus hombres contra el gobierno de Mitre y, una injusta guerra que desangró a hermanos y, en especial al Paraguay.

Es una bella zamba que recuerda pa batalla de Pozo de Vargas, de un lado a Felipe Varela y sus riojanos y, por el otro a los santiagueños de Taboada, gobernador por ese entonces y, general del ejercito.

La Batalla de Pozo de Vargas, del 9 de abril de 1867, fue un enfrentamiento de las guerras civiles argentinas, entre las fuerzas federales del caudillo Felipe Varela y las del gobierno nacional argentino, dirigidas por el general Antonino Taboada, en las afueras de la ciudad de La Rioja. La victoria de Taboada significó el final de la última y mayor rebelión del norte contra la presidencia de Bartolomé Mitre. La conocida canción popular anónima "Zamba de Vargas" trata sobre este acontecimiento.


En camino hacia Catamarca, Varela recibió aviso de que Taboada había ocupado la ciudad de La Rioja con un ejército de 3.000 hombres. Para no tenerlo a sus espaldas, retrocedió hacia ella. Fue un tremendo error, ya que se privó de expandir la revolución a otras provincias, donde podía haber recibido apoyos.
El peor de los errores, sin embargo, fue no haberse asegurado la provisión de agua. Avanzó dos días hacia el sur sin nada que darle de beber a sus caballos y hombres, y encontró todos los pozos secos. Insólitamente, siguió adelante. El próximo pozo disponible era el de la estancia de Vargas, a una legua de la ciudad. Pero allí lo esperaba Taboada con 1.700 hombres, provocativamente ubicados en torno del único pozo.
El 9 de abril a media mañana aparecieron los federales, muertos de sed. Varela dudó en atacar en esas condiciones, pero la muerte de algunos de sus hombres mientras distribuía sus tropas lo decidió. La batalla comenzó a la una de la tarde.
Los federales lucharon con desesperación, pero sus caballos estaban debilitados y tenían muy pocas armas de fuego. Los nacionales, en cambio, estaban armados con fusiles de repetición y se limitaron a resguardarse y tirar contra los blancos móviles que desfilaban frente a ellos. La superioridad numérica de los montoneros les permitió algunos éxitos parciales, entre ellos la captura por parte del coronel Elizondo del parque del ejército nacional y el avance hasta entrar en la ciudad de La Rioja. Pero sus hombres, casi muertos de hambre y sed, se dispersaron por la población, comiendo y bebiendo, incluso emborrachándose.
La batalla terminó hacia las seis de la tarde, con la completa derrota federal, que dejó en el campo de batalla más de mil muertos y otros tantos prisioneros. Los nacionales perdieron unos doscientos hombres, sobre todo de la caballería, que había sido utilizada con torpeza. Con menos de 180 hombres, Varela debió retirarse, dejando el campo al muy maltrecho ejército nacional.
Esta zamba recuerda y, relata ese combate, aquí la letra:

Forman los riojanos
en Pozo 'e Vargas;
los manda Varela,
firme en batallas.
Contra los santiagueños,
con gran denuedo, van a pelear;
ya Don Manuel Taboada
alza su espada: se ve brillar.

Atacó Varela,
con gran pujanza:
tocando a degüello,
a sable y lanza.
Se oyen los alaridos,
en el estruendo de la carga
y ya pierden terreno
los santiagueños de Taboada

"Bravos santiagueños
-dijo Taboada-
vencer o la muerte
vuelvan su cara.
Por la tierra querida,
demos la vida para triunfar"
Y ahí no más a la banda
la vieja zamba mandó a tocar.

En el entrevero
se alzó esta zamba,
llevando en sus notas
bríos al alba.
Y el triunfo consiguieron
los santiagueños y este cantar
para eterna memoria,
Zamba de Vargas siempre será.


domingo, 24 de enero de 2016

Cosquín, su Historia y su Gente


Plaza Próspero MolinaComo ocurre con muchas regiones de la provincia de Córdoba, donde habitaron los aborígenes, se hace difícil establecer una fecha que imponga un tiempo a sus orígenes. Eso ocurre con Cosquín y sus aledaños; una vasta zona habitada por los comechingones que dejaron un valioso patrimonio arqueológico, si bien los hallazgos no han sido muchos.
Comechingón es la denominación vulgar con la cual se alude a una antigua etnia originaria de la Argentina, que a la llegada de los españoles, en el siglo XVI, habitaba las Sierras Pampeanas de las actuales provincias de Córdoba y San Luís.
Los comechingones se autodenominaban como hênîa al norte y como kâmîare al sur, subdivididos en aproximadamente una decena de parcialidades.El apelativo “comechingón” parece ser la deformación de una palabra peyorativa que les daba la Etnia salavinón o sanavirona, que hacia el siglo XV, procedente del interfluvio río Dulce/río Salado, en la actual provincia de Santiago del Estero, invadía los territorios ancestrales de los hênîa-kâmîare.
Construcción Iglesia FátimaLos sanavirones los llamaban «kamichingan», que en idioma salavirón parece haber significado “vizcacha” 'habitante de cuevas', esto debido al tipo de vivienda semisubterránea de los hênîa-kâmîare.Sin embargo, según la crónica del conquistador español Jerónimo Bibar, escrita en 1558, el apodo les fue dado directamente por los españoles al escuchar el grito de guerra de los hênîa: "¡Kom-chingôn!", según Bibar este grito se traduciría por "muerte-a-ellos" (a los invasores). Es probable que los sanavirones "entendieran" y "tradujeran" con mofa tal clamor de guerra de sus enemigos con la palabra "kamichingan".
El territorio que habitaron en esta región era llamado “Quizquizacate”. Una referencia de este período, es una piedra en el "Balneario San Buenaventura": la “Piedra Pintada” -con petroglifos y jeroglíficos; las pinturas y grafos datan de 6000 a. C. Los españoles llegan en el siglo XVI.
Cuando en el siglo XVI Cosquín es nombrado pueblo, Jerónimo Luís de Cabrera envía su teniente Lorenzo Juárez de Figueroa a censar la zona. Este era el encargado del reparto de tierras y siervos. Las divisiones se hacían en estancias, solares, postas, mercedes. Cosquín no entró en esa división ya que debido a su gran población fue nombrado Puesto, siendo su primer encomendero Jerónimo Luís de Cabrera.
En 1625 es otorgada la primera merced de estas tierras y es a favor del capitán Luís de Tejeda y Guzmán, la misma pasa en trueque por otras tierras a Baltasar Gallego, quién iniciará la estancia Cosquín.
Construcción PolideportivoEntre los asentamientos de la cultura indígena en esta zona, cabe mencionar el paraje de Las Tunas, que está ubicado al norte del pueblo en la margen del frente del río, donde se han encontrado testimonios de los comechingones; cabe consignar el hecho que el 10 de septiembre de 1817, los originarios de la comunidad recuperaron parte de sus posesiones comprando sus asientos en las Tunas y San Buenaventura a los padres Betlehemitas.






Cosquín de Quintas

Cosquín es reconocido como villa veraniega por un decreto del "superior gobierno" de la provincia el 4 de agosto de 1876, en tal decreto se estipula que "el centro de la Villa constará de 52 hectáreas, con dos plazas en su delineación". Así desde fines del siglos XIX integrantes de familias pudientes de Buenos Aires y Córdoba tenían su casa-quinta de veraneo en Cosquín, como por ejemplo los Bouquet, Elías Romero, Martínez Subiría. Hoy, algunos barrios de la ciudad, llevan esos nombres o los de sus estancias.

Cosquín y su Clima

Hacia principios de 1900, Cosquín fue tomado como zona terapéutica, debido a su microclima. En esta ciudad se crearon las pensiones para los enfermos de tuberculosis, la mayoría de estas personas que vivían en estas pensiones eran adineradas, sus familiares les enviaban dinero mensualmente y el encargado de pagar los giros, era el jefe de correos Palemón Carranza. Sin embargo, aquellos que no poseían familiares, se trasladaban con todos sus bienes, que invertían en la región, quedando a su muerte, todo a disposición del estado.
La odisea de la tuberculosis retrocede, cuando en 1950, Alexander Fleming descubre la penicilina. Se recetan cócteles de bacteriostáticos + antibióticos (mientras que la prevención de la TBC se trata eficazmente con la vacuna de Koch). Y empieza la decadencia de los Hospitales de Altura y de Llanura (uno en Pergamino), fin de la terapia de "descanso en zonas secas y asoleadas". En ese entonces Cosquín sufre diez años de decadencia debido a que un factor de su movimiento económico eran los enfermos de tuberculosis.

El Turismo

BalnearioEs la percepción del valor turístico de la zona del Valle de Punilla lo que facilita emprendimientos en Cosquín con aspiraciones turísticas, fue entonces cuando en 1961 se da comienzo al Festival Nacional de Folclore. En ese marco, y conforme a la influencia de aquellos que llegaron para recuperar su salud, muchos intelectuales, bohemios, poetas y pensadores, influyeron en este espectáculo que se repite todos los meses de enero desde hace 50 años, conformándose un turismo cultural que identifica a esta ciudad.

Toponimia

No existe unanimidad entre los investigadores y estudiosos, en cuanto a la significación del topónimo Camín Cosquín, son muy discutidas las interpretaciones que relacionan este nombre al de Cuzco (Cosquín - Cuzco chico) porque está comprobado que no hubo vinculación directa entre los comechingones y el Tawantinsuyu. Hay quienes sostienen que es el nombre de un antiguo jefe comechingón. Sin embargo se explica fácilmente el uso de la toponimia quechua -generalmente hibridada con el castellano- (en las sierras de Córdoba y San Luís etc.) porque los misioneros católicos usaron frecuentemente el runa simi o quechua como lengua vehicular o en todo caso como lengua general en casi todo el Cuyo, Noroeste Argentino y las Sierras Pampeanas.

sábado, 23 de enero de 2016

Rey del chamamé: Tarragó Ros



Tarragó Ros


Llamado el Rey del chamamé, nació en Curuzú Cuatiá. "En la ciudad de Curuzú Cuatiá, Provincia de Corrientes, a los veintidós días del mes de junio del año mil novecientos veintitrés, ante mí, Jefe del Registro Civil, Antonio Ros, color blanco, de treinta y seis años, español, soltero, hacendado domiciliado en esta ciudad, declaró: que el día diecinueve del corriente, a la hora una en su domicilio nació el varón Tarragó, color blanco, hijo natural del declarante y de Florinda Reina, color trigueña de veinte años, argentina, soltera, domiciliada en esta ciudad, hija de Eustaquio Reina".

Así refiere el acta oficial el nacimiento de Tarragó Ros, años después músico popular, llamado el Rey del chamamé. Un acta posterior da cuenta del casamiento de los padres, y también del nacimiento - en 1918- de Antonio Ros, registro completo de la familia. Los primeros años de Tarragó giraron en torno a la barraca de cueros propiedad de su familia, especie de puerta abierta al mundo. Allí conoció a peones, mariscadores, gauchos oscuros con sombreros de enormes alas, y también a músicos de emoción intensa. Alguna vez venían montados en las gigantescas carretas de seis u ocho caballos, otras los veía pasar, acordeón y guitarra en mano, caminando una tarde de sábado rumbo al baile.

Muy pronto, mas entrañables que los amigos que la escuela del centro le proponía, le resultaron los de los barrios y caseríos más apartados. De alguna manera consiguió una armónica, y no fue raro que aunque sus padres lo incentivaron a estudiar el piano, él quisiera tocar el acordeón y también la batería que habría visto en algún baile de pueblo.

A los quince años ya integraba distintos conjuntos con su hermano y algunos amigos, y a los diecisiete, ya decidido por el chamamé , emprendió sus primeras giras. Con dos o tres músicos más subían a un tren, se ganaban el dinero para el viaje tocando para los pasajeros, y en una de esas aventuras llegaron hasta Buenos Aires. Pero el grueso de su trabajo, menos escaso que las ganancias, estaba aún en Corrientes, en los alrededores de Curuzú.
Ya por ese entonces, Tarragó sentía que su pasión por la música estaba atravesada por algo más que el gusto de la aventura personal. Y para dar difusión y sostén a esa conciencia cultural, el 15 de julio de 1943 apareció la primera edición del quincenario Brisas Correntinas, editado y dirigido por él mismo.
La publicación incluía un editorial, letras de canciones, una columna humorística, unos versos dedicados a Tarragó por su amigo Luis Torres, anuncios de programas radiales y baile.
Ese mismo año viajó a Buenos Aires integrando el Trío Taragüí, que dirigía Pedro Sánchez y tampoco le daba mucho sustento.
Primero habían sido los músicos escuchados en la infancia en Curuzú, después las historias de jóvenes e impensados talentos descubiertos en parajes remotos, leídas en " El Alma que Canta", o vistas en cine. Ya en Buenos Aires, otra visión alimentó sus sueños adolescentes- y hambrientos- de ídolo popular: la imagen de Ramón Estigarribia, músico apodado Yaguareté, comiendo con deleite y sin privaciones, feliz y rodeado de amigos en un restaurante del centro.
En aquel momento fue además acordeonista de Mauricio Valenzuela, de quien años más tarde hablaría agradecido por sus enseñanzas profesionales, y también tocó junto a Mario Millán Medina, Isaco Abitbol, Ernesto Montiel, Pedro Mendoza y Luis Acosta fueron otros de los amigos que estuvieron cerca de su corto paso por la capital. En 1944 regresó a Corrientes. Al frente de un elenco llamando "Melodías Guaraníes"- cuya dirección en algún momento compartió con el celebrado bandoneonista Oreste Hernández- realizó numerosas actuaciones en el litoral y Brasil, además de presentarse en Radio Prieto, Radio Callao y La Voz del Aire.
Numerosos anuncios de la época rememoraron lo completo del programa. Si se realizaba en un cine, la primera parte incluía, por ejemplo la proyección de "El Amo del Arrabal", "Tierra sin Ley", o Baile y pasión, y si no, la segunda era la única, pero ofrecía "Chamamés, polklas, galopas, Schotis, valseados, canciones, solos de acordeón, solos en botellas, diálogos en guaraní, recitados, solos de bandoneón, "bombo indio" y canciones regionales en dúo.
El Botellista podía ser Valentín Zárate, y si la actuación era en Curuzú el cantor y glosista podía ser Gorgonio Benítez, encargado de la barraca y amigo fiel de Tarragó.
En 19045, en vista de las dificultades para conseguir trabajo bien pago , aceptó reemplazar a Tránsito Cocomarola en el conjunto de Emilio Chamorro. Actuó en él casi tres años, durante los cuales maduró como instrumentista y compositor, pero sobre todo fue definiendo su estilo propio, que sumado a su fuerte personalidad pronto desembocaría en su carrera como director.
En 1947, de su fugaz unión con Elia Crispina Molina nació Antonio. Ese mismo año decidió volver a independizarse profesionalmente y para ello se radicó definitivamente en Rosario, en las puertas del litoral y cerca de Buenos Aires.
Intentó sus primeros grupos, hizo sus primeras actuaciones, en La Ranchada, un local propiedad de Emilio Chamorro; en el Club Huracán de Entre Ríos, en el Centro Correntino de Rosario. Fue allí precisamente, en 1948, que incorporó a Carlos Olmedo, quien sería hasta el final su cantante, animador y amigo fiel. Aquel conjunto se completaba con Felipe Lugo Fernández, Rómulo Velázquez, Adriana Selva, Edgar Estigarribia y Alonso, el nombre de pila de este último, perdido en la memoria.
Los comienzos no fueron sencillos. Las presentaciones más frecuentes eran en las fiestas organizadas por los prácticos del puerto, y también en los bailes montados por el mismo Tarragó, en los que a su conjunto solía sumar una orquesta de tango y una de jazz. La suerte era diversa. Sin embargo , en aquel momento el músico se sentía ya dueño de su oficio y su decisión de persistir era cada vez más fuerte. Sobre todo, había sentido agitarse de emociones el aire entre él y el público , cada vez que subía a un escenario.
Trabajó así hasta 1954 en que realizó su primera grabación.
Acompañado por Antonio Niz y Felipe Lugo Fernández dio una prueba en Odeón, impactó por su estilo punzante e irresistiblemente bailable, y grabó un disco de 78rpm con El Toro y Don Gualberto. Su repercusión fue inmejorable, al año siguiente volvió a grabar, y a partir de allí comenzó su ascenso.
Ya entonces había agregado a las bombachas unas corraleras también bordadas que había tomado de las antiguas imágenes de Carlos Gardel, a quien mucho admiraba. Su estampa de hombre muy alto y de sonrisa mansa comenzó a ser sinónimo de ese fragor alegre que se desataba en los bailes desde el primer acorde que pulsaban sus dedos.
Llegando a los años ´60 era uno de los músicos más populares de toda su zona de influencia y uno de los mayores vendedores de discos del país, y los sellos discográficos se disputaban su contrato,. En 1964 había pasado el millón de placas vendidas y fue distinguido con su primer disco de oro. Más adelante obtendría otro , uno de platino y el preciado Templo de Oro que la compañía discográfica ofrecía sólo a sus grandes estrellas históricas.
Un día de 1966, se encontraba de paso por Buenos Aires cuando se le apareció Antoñito, a quien poco había vuelto a ver. Regresaron juntos a Rosario, y ante la decisión del jovencito y en vista de sus habilidades con el acordeón, el padre le dio en sus conjunto un puesto de acordeonista suplente y presentador.
Entre tanto, Tarragó tenía su propio salón de baile en Rosario, el Humberto Primo, y no abandonaba la actividad gremial en la Seccional Rosario de la Unión Argentina de Variedades. El 772, al que le dedicara un chamamé, era el Siam Di Tella que manejaba Pepito y que en esos años conducía al conjunto en permanentes giras por todos y cada uno de los pueblos y ciudades del litoral.
Los sucesivos discos de larga duración, las radios y sus frecuentes presentaciones televisivas afianzaron su popularidad, cuando ya comenzaba a ser llamado El Rey del Chamamé. En la intimidad de su casa de Rosario, se lo podía ver cenando a la madrugada junto a Angelita Lescano, su compañera de los últimos dieciséis años, conversando con ella y escuchando por la radio, chamamés.
Llegó a componer casi doscientos temas: El Desconsolado, Por que te fuiste, El Prisionero , Madrecita, A Curuzú Cuatiá ,Caña con ruda, o El Afligido, Escuelita de mi Ayer, son algunos de los más conocidos, grabó una veintena de discos larga duración e influenció a toda una generación de intérpretes del chamamé.
Cuando sintió el primer y último aviso de su corazón, se levantó tranquilo, se afeitó, se vistió con su cuidada elegancia habitual, y salió para internarse en el Sanatorio Corrientes, en Rosario. A las 14 del sábado 15 de Abril de 1978 dejó de existir, víctima de un paro cardíaco.
Su deseo había sido dejar sus restos en Curuzú Cuatiá , y hasta allí fueron llevados, en un lento cortejo fúnebre, en cada pueblo saludado por lugareños que mucho lo habían querido. Aún hoy suele haber flores frescas en su tumba.

El "Dueño" del escenario: Osvaldo Sosa Cordero




Osvaldo Sosa Cordero

Poeta profundo, auténtico, del sentir del paisano. Sus versos eran rezos. En cada metáfora derramaba lágrimas y evocación eterna hacia su Corrientes. Su recuerdo florece en el recuerdo de los que aman y respetan el folklore del Taragüí. Osvaldo Sosa Cordero nació el 6 de julio de 1906 en Yaguareté Corá -actual Concepción-. A los tres años su familia se radica en la capital correntina e incursiona en el aprendizaje del piano. Se siente inclinado hacia la música del terruño tomando el ejemplo de su padre que se ocupaba de la administración de estancias alternando con ejecuciones musicales.

Desde 1915 reside en Buenos Aires. Continuando sus estudios pianísticos en casa de sus tías. Entre los años 1925/26 Jaime Yankelevich -alma mater de la telefonía Argentina- le solicita temas en castellano para nutrir el repertorio de Samuel Aguayo, cantor, que solo hacia piezas en idioma guaraní. Nace su primera obra Naranjerita y seguidamente Juan Carlos Casas director de una empresa grabadora, le propone formar su conjunto propio con el rotulo de Osvaldo Sosa Cordero y sus Correntinos, el que perdura 20 años; realizo exitosa tarea discográfica contando con las voces de Jovita Luna, Pedro de Ciervi, Julio Lujan y el dúo Bertrán Silva.

Lo señalo como "tanguero" de alma y sus composiciones Cotorrito Bohemio, Labios Vírgenes y Embrujo este último compartido con el Jazzman Kalikian Gregor y que Gardel lo llevo al disco, aunque no llego a editarse.

Fue autor de varios libros de poemas, Diez Cantos Correntinos, Anchas y Romancero Guaraní que lo hace merecedor por la SADE, el premio Baldomero Fernández Moreno en 1962. Escribió Historia de los Varietes, dicto charlas sobre folclore en SADAIC, Casa de Corrientes, entre otras instituciones. Fue director de Cultura de la Provincia de Corrientes. Falleció el 19 de septiembre de 1986 en la Capital Federal. Lo recordamos como un artísta cabal y uno de los principales cultores de la música típica correntina.

Pioneros del Chamamé: Ernesto Montiel


Ernesto Montiel

Ernesto Montiel "El Señor del Acordeón"


El 26 de febrero de 1916, nacía en Paso de los Libres Don Ernesto Montiel -el señor del acordeón- quien un día dejaría su ciudad natal para vincularse con los mejores intérpretes de la música litoraleña de aquel entonces: Emilio Chamorro, Ambrosio Miño y otros, hasta unirse a Isaco Abitbol.
Junto a Abitbol conformarían el Cuarteto Santa Ana, un sólido binomio en la faz creativa, compartiendo la paternidad de numerosas obras musicales, entre ellas la polka "General Madariaga", el chamamé "Ñatita", el valseado "Don Chirú" o los rasguidos dobles "Padrino Tito" y "Martínez Gutiérrez".
Ernesto Montiel, entre tantas actuaciones en Buenos Aires, inauguraba Los Carnavales Folklóricos de San Lorenzo de Almagro, compartiendo la cartelera estelar con la orquesta típica del maestro Carlos Di Sarli y los Hermanos Abrodos.
Posteriormente se suceden actuaciones por las principales emisoras radiales del gran Buenos Aires y giras exitosas que lo jerarquizan.
En 1969 el grupo figura entre los mejores vendedores de discos del sello Philips. En ocasión de realizarse el primer Festival Cinematográfico fueron los encargados de recibir a las delegaciones extranjeras asistentes en un ágape en El Tigre. El Cuarteto Santa Ana de don Ernesto Montiel también tuvo el honor de mostrar su arte musical en el teatro Colón de Buenos Aires, velada a la cual asistieron el Presidente de la Nación y el príncipe de los Países Bajos. Por capacidad y espíritu creativo recibió la bendición del Papa Paulo VI sobre sus obras "Villancico Correntino" y "Valsecito Navideño". Al mismo tiempo es reconocido por otros ejemplos del mundo artístico nacional, como Astor Piazzolla y Osmar Madera. "El Señor del Acordeón" murió en Buenos Aires, el 6 de diciembre de 1975.

Pioneros del Chamamé: Damasio Esquivel





A lo largo de 73 años de carrera, el rosarino Damasio Esquivel compuso obras vitales del chamamé. A lo largo de 73 años de carrera, el rosarino Damasio Esquivel compuso obras vitales del chamamé entre la que se cuentan "Alma guaraní", "Barrio Sajonia", "El gaucho Gramilla", "Mi cantar", "El Aguará Guazú", "Los colonos", "Un corazón" y "Amor y quebracho", que registró en 40 discos de pasta, 31 de vinilo y 1 cd, "El patriarca" (de 1998).
Con grandes maestros
El bandoneonista conocido como "el coloso del chamamé" fue discípulo de músicos del litoral del estilo de Ernesto Montiel, Tránsito Cocomarola y Antonio Tarragó Ros (padre).
Con el paso del tiempo y a medida que su trayectoria cobraba mayor vuelo, Damasio Esquivel -valorado por su capacidad inata para escribir música- se convirtió también con el tiempo en un grande del chamamé y alcanzó el mismo reconocimiento de sus maestros musiqueros.
En el año 2000 fue distinguido en reconocimiento a su trayectoria y a su íntima relación con el canto y la cultura del litoral en el Festival Nacional del Chamamé, en la ciudad entrerriana de Federal, una de las fiestas más importante que se realiza en el país.
Los últimos meses del artista transcurrieron a la espera de ser llamado para actuar, “ya que la situación de los músicos no es buena”, comentó el hijo del artista, quien agregó que las más recientes presentaciones de su padre se realizaron durante setiembre de 2003 en la Feria de Mataderos, Capiral Federal.

Rosarino y Musiquero
Aunque había nacido en la provincia de Santa Fe, más precisamente en la ciudad de Rosario, Damasio Esquivel era considerado para el gran público un correntino más. Sucede que el hombre que en sus años mozos se radicó en la Capital Federal, por formación musical se identificaba con la provincia de Corrientes donde era querido y respetado.
Desde muy pequeño comenzó a transitar por los escenarios y los estudios de grabación y ya jóven se codeó, por estos lares, con los grandes del chamamé.
En uno de sus últimos reportajes para la prensa porteña, Esquivel rememoró: “creo que tengo más de 70 años de trayectoria; comence en el año 1931 de la mano de mi padre”. El progenitor de Damasio Esquivel fue primera guitarra del gran músico paraguayo José Asunción Flores, y también tenía unas primas que cantaban en las radios porteñas. En ese ambiente se crió el futuro bandeononista.
“Tocábamos polca porque era más comercial, había acordeones con dos guitarras, así fue como yo que tenía estudios adelantados forme luego una orquesta, pero seguí perfeccionandome con Gilardo Gilardi”, relató.
“Quizás no tenga real dimensión de mi obra, pero creo que algo vamos a dejar”, señaló premonitoriamente. Y en verdad fue así, Damasio Esquivel dejó un legado para las nuevas generaciones de musiqueros... sus páginas ya forman parte invaluable del cancionero chamamecero.
El bandoneonista Damasio Esquivel, uno de los patriarcas de la música chamamecera, falleció el domingo 24 de abril de 2004, a los 85 años a causa de un paro cardíaco, tras permanecer 34 días internado en la clínica porteña Bazterrica. Según informó a la prensa su hijo Cacho Esquivel, el veterano artista, que hacía tiempo estaba alejado de los escenarios, había sido hospitalizado a raíz de una caída que sufrió en su casa y que le obligó a someterse a una intervención quirúrgica en la cadera.
Sus restos fueron sepultados en el Panteón de Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) del Cementerio de La Chacarita, Capital Federal. Familiares y amigos, representantes del ambiente artístico, y en particular de la música chamamecera, rindieron homanaje al folclorista que tenía una aquilatada y extensa trayectoria. 

Pioneros del Chamamé: Mario Millán Medina




Creador con una definida personalidad autoral, sus composiciones son una pequeña historia narrada en sólo tres minutos, en la que pinta personajes, costumbres y tradiciones de su provincia natal. Apodado “el cantor chamamecero”, nació en Colonia el Porvenir, departamento de Goya, el 25 de mayo de 1913 y falleció en la ciudad de Rosario el 6 de Noviembre de 1977.
Creador con una definida personalidad autoral, sus composiciones son una pequeña historia narrada en sólo tres minutos, en la que pinta personajes, costumbres y tradiciones de su provincia natal. Se inspira en los tipos lugareños, en los sucesos y hechos de la vida rural, proponiendo siempre un sentido a sus creaciones y un contenido social que no ha perdido vigencia.
Desde el año 1935 inició un derrotero de juglar recorriendo todo el litoral argentino. En cada paraje, en cada estancia, en cada fogón o bailanta de campo de “Ramada Guipe”, suena el guitarrear y la voz inconfundible de Mario Millán Medina. Cuenta, narra y canta en el idioma de su gente.
Es como el intérprete que traduce mil sentimientos o emociones calladas del pueblo. Ese pueblo que lo admira y lo reconoce por sus composiciones El rancho de la Cambicha, El Sargento sapo, Caraícho, Mi ponchillo colorado, La Guampada, El recluta, La familia del Taitá, El Arquetipo, entre otras.
También viajó a países limítrofes: Brasil, Paraguay y Uruguay. Llevó el mensaje más puro de sus canciones que refleja en temas como El alma de la cañada o Camino del arenal, que han quedado como evidencia de un ser extraordinario.     

Pioneros del Chamamé: Isaco Abitbol




Mencionar su nombre ya representa toda una historia dentro de la evolucion y el desarrollo de la música correntina. Comparte grabaciones y escenarios con músicos de reconocida calidad y trayectoria.
Mencionar su nombre ya representa toda una historia dentro de la evolucion y el desarrollo de la música correntina.
Isaco nació en una localidad situada sobre márgenes del rios de los pájaros -Rio Uruguay- en Alvear, provincia de Corrientes, el 29 de noviembre de 1917.
Se inició ejecutando la bandónica, instrumento de formato parecido al bandoneón pero con sonido similar al acordeón, que aprende a tocar solo. Luego adquiere conocimientos de piano y más tarde el bandoneón.
En 1936 se incorpora al conjunto “Los hijos de Corrientes” que dirigia el ya desaparecido maestro Don Emilio Chamorro, otro auténtico pionero del chamamé en Buenos Aires.
En el año 1942 en compañía de Don Ernesto Montiel, otro grande de nuestra música, deciden formar un conjunto al que denominan ”Cuarteto Correntino Santa Ana” , binomio que dejará grabado en el disco temas antológicos. Cómo olvidar títulos como: “La Calandria ,Santa Ana, Estancia Miraflor, Nostalgia Guaraní, Siete Higueras, entre muchos más.
Actuó con Ernesto Montiel hasta el año 1951, volviendo en 1956 para algunas presentaciones especiales.
Desvinculado del Cuarteto Santa Ana armó su propia agrupación que en algunas oportunidades fueron tríos, cuartetos y quintetos. Comparte grabaciones y escenarios con músicos de la calidad artística de Tránsito Cocomarola, Samuel Clauss, Emilio Chamorro, Emeterio Fernandez, Pedro de Ciervi, Antonio Niz, Lorenzo Valenzuela, Ruben Miño, Julio Luján, Alejandro Barrios, Miguel Repiso, Luis Ferreyra, José Cejas, Hermanos Zamudio, Hermanos Navarro, “Nene” Fernández, Pascasio Ubeda, Héctor Chavez, Julio Lorman el Dúo Gómez –Florentín y Roberto Galarza, entre otros.
Isaco Abitbol posee una personalidad muy reconocida por su permanente actitud de bondad, de entrega absoluta en la amistad, de la que ha hecho un verdadero culto.
Participó en muchas grabaciones ayudando a otros conjuntos o en conjuntos de amigos sin que figure su nombre muchas veces en los rótulos de los discos.
En la década de 1970, formó el recordado “Trío de Oro” junto al bandoneonista Julio Lorman y la guitarra y la voz de Roberto Galarza dejando varios discos larga duración como prueba de su imponderable calidad artística.En su trayectoria musical ha obtenido tres “Discos de Oro” con títulos como “La Taba , La Zurda, Paraje Bandera Bajada, Serenata del Amanecer, La Yapa, El Lamento, Estampa Correntina”, entre otros.
Su discografía es inmensa.Graba durante mas de ocho años con el Cuarteto Santa Ana.Registra veintiun discos larga duración en los sellos ODEON y MUSIC HALL con su propio conjunto.Compuso mas de 150 temas por lo que se ha hecho acreedor al “DAM” (Derecho Autoral Minimo) que otorga SADAIC a aquellas figuras que tienen una trayectoria permanente y registran consecuentemente sus obras musicales.Es en realidad un verdadero patriarca de la música correntina. Su presencia en los escenarios de festivales ha merecido la aclamación popular ganada a través de años de labor y entrega total a la música de su tierra.
Merecedor de todos los homenajes que en vida ha recogido , es quizás el músico chamamecero por excelencia, portador de las virtudes más genuinas:intérprete, compositor, hombre de bien y gran amigo.Por todo eso y por su riquísima trayectoria ,ha recibido el reconocimiento por parte de los organizadores del festival que se realiza todos los años, la imposicion de su nombre y apellido al escenario mayor en Villa del Rosario-Chajarí (Entre Ríos).También una calle de la localidad de Gobernador Virasoro, en la provincia de Corrientes lleva su nombre.
Sus últimos años fueron de un constante trajinar por mil escenarios, festivales, peñas,bailantas, radio y television.Junto a Roberto Galarza realiza innumerables presentaciones.Posteriormente integra de común acuerdo con Antonio Niz(guitarra) y Ruben Miño(acordeón), el Trìo Pancho Cué .Actúa y deja grabado un trabajo musical que será su testamento .Su última serie de temas grabados que demuestra que su talento , su genial toque bandoneonístico estaba intacto.Un grupo de angeles lo conducen al cielo un 6 de Marzo de 1994.
Fragmento del libro “Chamameceros” de Brisighelli y Piñeyro; -Año 1997


Homenaje
Buscando en el baúl de las revistas de mi casa que es de propiedad de mi madre entrerriana pero que ama el chamamé profundamente hallé un número de la “Revista Chamamecera Taragui Ché retá” del mes de abril del año 1994,justo el número 1.
En la página 10 bajo este título detallan en un artículo como se despidió a Isaco Abitbol ,parte de ese artículo informaba:
“En horas de la madrugada del domingo 6 de Marzo pasado , 01:00 Hs aproximadamente en una sala del Hospital Escuela de la Capital Correntina fallecía el glorioso Isaco Abitbol.
Con 76 años y luego de enfrentar una terminante enfermedad :uno de los más sobresalientes artistas de nuestra musica popular nos dejó pero solo fisicamente porque su historia vivira latente.
Sin nombrarlo en cualquier parte del país es sinónimo de identidad provinciana , es sinónimo de: Corrientes.Con las simples características que lo identificó siempre,humildad,silencio y respeto :Isaco fue dejando en nosotros la inmensa admiración, que va más allá de su capacidad creativa e interpretativa,el verdadero sentido,de todo cuanto abarca la palabra "amistad".
En Corrientes Capital en el Teatro Juan de Vera mostraba un ambiente de tristeza reflejado en el rostro de innumerables personas que se suman minuto a minuto al velorio.Cuando faltaban minutos para las 10 de la mañana comenzaron las palabras de despedida a Isaquito por parte de SADAIC, Pololo Silva su amigo personal,Humberto Norniella por Radio Chaco, Mary de Cabrera por el Centro de residentes Alvarenses, Luciano Aromi, Ludovica Slamovists en representación de la Secretaría de Gobierno de Misiones, Dr.Carlos Tomassella como Ministro de educación, y Antonio Viana como Intendente de Posadas –Misiones.
Es para destacar las palabras de Toto Semhan y de Julián Zini quienes marcaron los momentos más emotivos de las despedidasdonde el zolloso y las lagrimas se apoderaron de nuestra emoción.Mientras desde el lateral derecho de la entrada,una melodía nos dejaba oir el llanto de “La Calandria”, esta vez más triste que nunca,ejecutada por la Orquesta Folklorica de la Provincia de Corrientes dirigida por el maestro Fernandez Luque a la que se sumaron otros colegas músicos mientras se perdia de la vista de todos el cortejo fúnebre hacia Alvear,su pueblo natal, donde además cuatro paisanos lo acompañaron portando banderas argentinas y el cuerpo de Danzas Tradicionales de Alvear ,realizó su propia despedida alcompás del más emotivo chamamé.Mas de dos mil personas cumplimos su sueño: “descansar eternamente en su pueblito Alvear”

El urutaú




Ñeambuí era hija de un aguerrido cacique guaraní, que se había instalado con su gente en un lugar hermoso, muy codiciado por sus vecinos. La joven guardaba un recuerdo triste de las continuas luchas que su padre debió enfrentar para conservar ese paraje de la invasión de sus enemigos, y de cómo el cacique con el correr de los años se había vuelto cada vez más duro e implacable.
Hacía tiempo que Cuimaé, el joven cacique de una tribu vecina, estaba enamorado de Ñeambuí. La muchacha aceptaba los regalos que le traía su pretendiente, pero después corría al monte a jugar con los pájaros y a trenzar guirnaldas de flores para adornar sus cabellos negros.
Un día su padre le ordenó que aceptara a Cuimaé por esposo, así las dos tribus unidas podrían luchar mejor frente a cualquier invasor. Ñeambuí obedeció el mandato de su padre y Cuimaé, feliz, comenzó los preparativos para la boda. La joven también se sintió contenta, aunque seguía recorriendo el monte a pesar de las advertencias de su enamorado, quien temía por ella, ya que conocía muy bien los peligros de la selva.
Una mañana la joven escuchó gritos y al salir de, su toldo vio a los guerreros preparándose para la lucha; una tribu vecina se aprestaba para invadirlos y el cacique, ayudado por Cuimaé iba decidido a luchar hasta las últimas consecuencias.
Después que partieron, Ñeambuí se refugió de nuevo en su toldo; no podía unirse a las otras mujeres de la tribu, que sentadas alrededor de una fogata, clamaban por el triunfo de sus hombres. Sufría demasiado al imaginar la lucha, pues pensar en los heridos y muertos de uno u otro bando, la llenaba de tristeza.
Llegó la noche y aún los guerreros no habían vuelto, cuando Ñeambuí escuchó de pronto un extraño lamento. Primero sintió miedo, pero después casi contra su voluntad, se asomó afuera y vio la sombra de un hombre, iluminada por la luz tenue de la luna. Le pareció que se paralizaba de terror, y ya estaba a punto de pedir auxilio, cuando la sombra se desplomó. Entonces impulsada por una fuerza extraña se acercó y vio a un joven indio tendido en el suelo. Por su vestimenta se dio cuenta que era de una tribu enemiga y al inclinarse sobre él, descubrió que tenía una profunda herida en una pierna. Supuso que, confundido, no se había dado cuenta que se introducía en el campamento del enemigo.
Sacando, fuerzas de flaqueza, la muchacha lo arrastró hasta ocultarlo detrás de su toldo, que quedaba algo apartado de los demás. Después buscó hierbas y ungüentos que aplicó sobre la herida del joven. Este abrió un momento los Ojos y al verla, la miró extasiado. No entendía cómo esa bella muchacha lo estaba cuidando. Desconcertado, pero ya más aliviado de su dolor quedó dormido.
Cuando Ñeambuí lo vio descansar tranquilo, entró rápidamente en su toldo y trató de calmarse. Temía por la suerte del joven enemigo y conociendo el carácter de su padre, deseó que el muchacho, una vez repuesto, se alejara de allí lo antes posible. Envuelta en sus temores quedó ella también dormida y soñó con el indio herido, cuyas facciones le hablan parecido muy dulces.
La despertaron los gritos de los hombres que volvían de la lucha. Temblando se asomó afuera y escuchó que su padre y Cuimaé la saludaban; se acercó tratando de no hacer caso de los latidos de su corazón.
La mirada de los guerreros era dura; habían podido frenar los avances del enemigo, pero a costa de la pérdida de muchos hombres. El cacique dijo a su hija:
-Muy pronto se festejarán tus esponsales con Cuimaé; es un valiente guerrero y tendremos que partir de nuevo, pero antes quiero que sea tu esposo.
La joven se inclinó ante su padre, mientras Cuimaé se adelantaba para abrazarla. En eso se escucharon gritos y algunos soldados trajeron prisionero al joven enemigo. Lo arrastraban, ya que apenas podía caminar y el cacique, ordenó que lo encerraran inmediatamente.
La muchacha no pudo evitar lanzar un suave quejido; sólo, fue escuchado por Cuimaé que observó la palidez de su rostro y mil sospechas lo invadieron. Hacía tanto que esperaba a Ñeambuí, hacía tan poco que ella le sonreía como aceptando su cariño, que ya no podía tolerar ningún rechazo. Fue así que preparó los festejos para la boda con un apuro febril.
Ñeambuí por el contrario parecía languidecer día a día y mientras las mujeres de la tribu le probaban la túnica nupcial, mientras alrededor de ella los preparativos se sucedían unos a otros, permanecía pasiva en medio del bullicio ... La mirada resignada del joven prisionero la perseguía constantemente, y a menudo paseaba como por casualidad frente al toldo donde estaba encerrado. El joven también se había sentido hechizado por la dulce india y aunque sus miradas sólo se encontraban fugazmente, expresaban todo lo que los dos sentían. Nadie se percató de lo que sucedía; sólo Cuimaé no perdía los gestos y miradas de la joven, y sentía su corazón estallar de dolor.
La noche anterior a la boda se celebró un festejo prenupcial; después toda la toldería quedó dormida, menos Ñeambuí. Se acercó sigilosamente al toldo del prisionero ... hasta su guardián dormía. Haciendo un gran esfuerzo pudo desatar las lianas que lo sujetaban y los dos huyeron al monte. Allí, apenas iluminados por la luna, se abrazaron; no se imaginaban que Cuimaé, enloquecido de celos los había seguido.
Desesperado, el joven cacique sacó la flecha más afilada de su carcaj y, armando su arco, la despidió con fuerza sobrehumana. Ñeambuí y el joven se desplomaron, mientras la selva vibró bruscamente, sacudida por una carcajada de loco.
Amor y odio habían sido demasiado fuertes para Cuimaé, pero los dioses se compadecieron de él y lo convirtieron en ave ... Desde entonces el Urutaú recorre los campos con sus tristes lamentos. Todas las noches llora a su bienamada y recién descansa al amanecer.

El pombero




El Pombero es un divertido personaje de la mitología guaraní. Es un ser travieso, que desordena la casa, extravía los objetos, rompe o descompone los aparatos, dispersa a los animales, roba tabaco, miel, huevos o gallinas, desparrama el maíz, espanta a las aves de corral y abre las tranqueras dejando escapar al ganado, tira al jinete de su montura y asusta a la cabalgadura...

Se lo conoce también con los nombres de Py-ragüe (pies con plumas), Karai-pyhare (Señor de la noche) y Kuarahy-Yara (Dueño del sol, tal como se lo conoce en el mito mbyá del sur del Brasil). E igualmente con el nombre de "Chopombe" (abreviatura de Cho - que equivale a la expresión castellana "Don") - y Pombéro.

Se lo describe como un hombre alto, flaco, de abundante vello y que a veces luce un enorme sombrero de paja y, a veces se muestra andrajoso y con una bolsa al hombro. Otras versiones lo definen como un hombre más bien bajo, fornido, muy moreno y retacón, con manos y pies velludos cuyas pisadas no se sienten (algunos sostienen que podría tratarse de un aborigen Guaycurú, pueblo con los cuales los guaraníes tenían continuos conflictos). Sus pies se pueden dar la vuelta, de manera que confunde a aquellos que quieren seguirlo. La mayoría de las versiones coinciden en describirlo con la boca grande y alargada y los dientes muy blancos; los ojos chatos, como los del sapo, una mirada fija, como la lechuza; y las cejas de pelo largo.

Inicialmente era considerado un genio protector de las aves de la selva. Sin embargo, a medida que evolucionaba el mito fue "adquiriendo" nuevas habilidades: poder mimetizarse con facilidad o metamorfosearse en cualquier animal, imitar el canto de cualquier ave (en especial las nocturnas), hacerse invisible, deslizarse por cualquier ranura u orificio.

Es muy atrevido ya que en sus andanzas nocturnas gusta de despertar a las mujeres con el suave y escalofriante roce de sus manos. A veces las secuestra y las posee, y después de saciarse las deja ir, generalmente embarazadas, en cuyo caso el hijo nacerá muy parecido a él.

Si se habla mal de él puede vengarse molestando o ensañándose con esa persona. Un mero roce con sus manos peludas puede producir que la persona se torne zonza, muda o experimente temblores. Para granjearse su amistad se le suele ofrendar tabaco de mascar, miel o botellas de caña, dejando estos productos cerca de la casa y rogando al Pombero que no haga más daño.

Tal vez la más famosa mención al Pombero sea en el estribillo de la canción "María va" de Antonio Tarragó Ros y que inmortalizara Mercedes Sosa:

"Mirar rasgado, patitas chuecas, María va, pisando apenas la arena ardiente, María va, calcina al monte un sol de fuego, María va, temor Pombero, palmar, estero, María va, quiso la siesta ponerle un niño a su soledad, de trigo y luna, y de su mano, María va, por el tabacal, tu paso María va, y se bebe el sol, que huele a duende, María va [...]"

Leyenda del Yerutí




Cuentan que en la margen izquierda del Riachuelo, muy cerca del "Paso Pesoa" vivía una familia cuya hija iba a contraer matrimonio, pero el acto religioso debía efectuarse en la Ciudad de Corrientes y no había manera de cruzar el arroyo sin que el vestido largo de la novia no corriese riesgo de ensuciarse. Por ese tiempo estaba en construcción el "Puente Pesoa", cuyo director de obra, al enterarse de la situación, ofreció salvarlas a corto plazo, mediante el cierre de la cobertura del piso del último tramo y sugirió la espera.
Los novios aceptaron la proposición y pocos días después se concretó el acontecimiento, concediendo a los desposados y su comitiva la prioridad del uso de la obra nueva.
Finalizada la ceremonia y ya de regreso a la casa, comenzó la fiesta. Fue entonces, cuando el novio, prendado de la emotividad del ambiente, propuso a la novia una fuga silenciosa al puente.
"Nosotros lo hemos inaugurado –dijo– Se trata realmente de un privilegio que Dios nos ha concedido a través de su constructor." Y agregó: "Vale la pena rendirle un tributo. Vamos hasta el puente y allí, los dos solos, bailaremos sobre ese piso nuevo, ya que la música llega hasta allá". La novia dichosa y divertida, aceptó.
Llegaron al puente y al compás de un chamamé que llegaba nítidamente comenzaron a bailar. No repararon, sin embargo, que el puente todavía no tenía la baranda protectora, tanto que la pareja enfrascada en la sensibilidad de los giros, no advirtió que se hallaba muy cerca del borde. En uno de sus giros, el joven perdió pie y arrastró al vacío a su esposa, y ambos desaparecieron en las profundidades de la corriente.
Dicen que al amanecer se posó sobre uno de los pilares una paloma blanca, una yerutí, que nunca había aparecido por allí. También al caer la tarde volvió a posarse sobre el mismo pilar, desde donde emitió su típico gorgojeo.
Los vecinos y los pescadores de la zona afirman que durante las noches de luna llena suele verse a la yerutí, blanca como una novia, sobre el mismo pilote, y que es el alma de esa novia que llora sin resignación y llama insistentemente a su novio perdido.

Leyenda del lapacho



Conoce de éste árbol, solo su madera. Es decir lo ha visto despojado de toda su realidad natal, desnuda en su escueto servicio. Para el que no conoce el lapacho más que en su misión, su principal cualidad es la resistencia y la dureza de su madera que no se pudre...

Y sin embargo no hay cosa más tierna que el lapacho, cuando se lo va a encontrar entre los montes misioneros. Es un árbol esbelto, femenino en su talle. De hojas suaves y luminosas, que el viento mueve casi sacándoles un gesto humano. Su copa se abre allá arriba como un rostro sobre un tronco sin desperdicio y sin espinas.
Y en septiembre, es lapacho es una niña quinceañera. Antes de recuperar sus hojas, se viste todo de rosado en un reventón de flores que regala en abundancia, embelleciendo la geografía que lo acoge. Es el centinela de los montes, que descubre antes que los demás la llegada de la primavera. Lo que el Jacaranda es en azul, el lapacho lo es en sonrojo. El invierno lo despoja de sus hojas pero antes de volver a vestirlo, la primavera le regala toda su ternura que sólo la selva virginal puede entregar a sus criaturas.
Es un árbol que crece lento. No tiene apuros. Sabe esperar en la fidelidad de sus ciclos, viviéndolos uno a uno con intensidad, tanto en sus desnudeces invernales como en sus derroches de vida. Su madera se va haciendo lentamente por eso logra ser tan resistente. No necesita ser descortezado como el quebracho su resistencia le llega hasta la piel. Cuando se entrega, se entrega entero
Cuando los antiguos misioneros jesuitas construían sus iglesias monumentales, iban a los montes y arrancaban los lapachos con sus raíces enteras, transportándolos con su terrón de tierra colorada adherida a ellas. Y así los volvían a plantar en el suelo, constituyéndolos en columnas que sostendrán toda la estructura del edificio. Las paredes eran de esa misma tierra colorada apisonada en un encofrado de madera que luego se retiraba. Toda la resistencia del edificio, que aguantó siglos, se fiaba a las columnas. Por supuesto para esta misión había que despojarlo de sus ramas. Pero eso le sucede a todo árbol que tiene que cumplir una misión distinta a la de ser simplemente planta. En San Ignacio Guazú y en muchos otros lugares de tierra guaraní, donde estuvieran antiguas y hermosas iglesias, hoy solo quedan en pie parte de esos troncos te “taye”, trozos de columna aún clavadas junto a su montículo de tierra colorada que constituían las paredes. Su madera no se pudre. Poco a poco va saltando en astillas que regresan a la tierra madre, uniéndosela humus fértil que alimenta la vida nueva que nace a sus pies.
Alerta vigía de septiembre,
Ternura de fiesta quinceañera,
Se estrella el invierno entre sus flores
Cubriendo de rosa las veredas. 

Nuestro Homenaje: Cacique Catán



El Cacique Catán nació el 28 de mayo de 1908 en Vera, provincia de Santa Fe. Su nombre real era Francisco Nolasco Mendoza. Su padre fue el valiente Cacique Pedro José Nolasco. Su madre fue Rosario Mendoza, hija de un cautivo cordobés. Lo bautizaron "El Cabeza de Tigre". El nombre de "Catán" le fue dado debido a que su padrino de bautismo fue el Teniente del Ejército Argentino Eduardo Catán.
Foto1: El Cacique Catán (de pie en el centro, de traje oscuro y corbata), Ladislao Piedrabuena y Tránsito Cocomarola en Mesón de Fierro, Chaco (año 1951). Fotografía extraída del blog "Relatos mocovíes".



Foto 2:Ilustración del Cacique Catán.
Imagen extraída del sitio "Comunidad Aborigen El Pastoril".

Cuando era niño los mocovíes salieron de Bandera (Santiago del Estero) pasando por Añatuya y Charata. En el año 1922 se establecieron en Colonia General Necochea, lugar que actualmente se lo denomina "Las Tolderías", ubicado aproximadamente a 25 km de Charata. En ese lugar fallece su padre y Francisco Nolasco pasa a ocupar el mando de "La Toldería", que en ese entonces se componía de unos 1500 indígenas mocovíes. Por su amplio conocimiento de los problemas indígenas y por ser el más instruído, fue designado Juez de Paz en el año 1944, cargo que ejerció por más de 30 años y hasta su fallecimiento. Además de ser líder de su pueblo, le enseñó a leer y a escribir a su gente. Gestionó además muchas mejoras para su pueblo ante las autoridades provinciales.

El Cacique Catán, además de atender los temas inherentes a su Juzgado de Paz, y las tareas referidas a su condición de jefe de la tribu, gustaba realizar tareas de cultivo de su propia huerta, la que cuidaba con todo esmero, a la vez que también trabajaba la tierra con su arado.

Tanto podía vérselo al Cacique Catán, bien peinado con el cabello tirado hacia atrás, vistiendo traje con camisa y corbata, como también vistiendo elegante camisa y pantalón sport, con cuchillo a la cintura.

El Cacique Catán se hizo amigo de Tránsito Cocomarola en el entorno de las actuaciones artísticas del músico, profesando gran admiración por el mismo, siendo retribuida esa amistad con el chamamé "Cacique Catán" de Tránsito Cocomarola, Ladislao Piedrabuena y César Rivero (1). Tránsito Cocomarola compuso en su homenaje la música y César Rivero -el "Indio" Rivero- escribió la letra en lenguaje mocoví. El "Indio" Rivero se crió conociendo las costumbres de las comunidades tobas y mocovíes y fue integrante del dúo Rivero-Gamarra, con Rubén Gamarra, llegando a grabar con el conjunto de Isaco Abitbol, el chamamé "El toba" en el año 1973. Una vez escrita la letra del chamamé "Cacique Catán", el propio Rivero le llevó la letra a Héctor Chávez, con la música ya compuesta y el tema fue grabado inmediatamente en el año 1956 por el conjunto de Isaco Abitbol cantando el dúo Ubeda-Chávez, con glosa a cargo del "Indio" Rivero. Luego fue grabado por el conjunto "Los Hermanos Cena - Los Ases del Chamamé", cantando Enrique y Damián Cena. Y en el año 1967 fue grabado nuevamente por el dúo Ubeda-Chávez, esta vez con su propio conjunto.

El Cacique Catán falleció el 7 de diciembre de 1974 a los 67 años.


CACIQUE CATÁN

(versión en lengua mocoví)


Cacique Catán
kaika naka teke
kaika sogoná
kaika ta piñik

Cacique Catán
kaika la gadai
kaika la chigüé
koilak e’ ya pa.

Kolak e’ la sotaripí
kolak e’ yapá
kaika ta piñik
kaika sogoná
kaika la gadai
kaika la chigüé
koilak e’ ya pa.

Don Lolé cuchuquí
la sotaripí
ananaka kaiká
kolak e’ ya pa.
A dai jaboom
filonepo knak
na pike pioco
kolak e’ ya pa.

Kolak e’ la sotaripí
kolak e’ yapá
kaika ta piñik
kaika sogoná
kaika la gadai
kaika la chigüé
koilak e’ ya pa.


Versión de la letra en castellano escrita por Luis Mendoza



Nota:
(1) De acuerdo a los registros de SADAIC, los autores de "Cacique Catán" son Ladislao Piedrabuena, Luis Mendoza y Tránsito Cocomarola (obra registrada el 7 de febrero de 1952 con el Nº 86.614).

Fuentes:
-Blog "Relatos Mocovíes".
-Blog "Gochi Bieri". Profesor de música.
-Comunidad Aborigen "El Pastoril" (Villa Angela, Chaco).
-Gutiérrez Miglio, R. 2006. El dúo mayor del chamamé: Ubeda-Chávez y su conjunto correntino. Ed. El Reino Guaraní, Buenos Aires. pp. 49-50.
Fuente: Nostalgias de mi Litoral

Jorge Cafrune - El Silbidito


Se inicia mañana, el Festival de Cosquín y, con él muchos recuerdos se agolpan en nuestra memoria y, entre ellos a "nuestro querido Turco", quien fuera en vida un muy importante referente del Festival Coscoíno.
En los comienzos del Festival, todos los organizadores y, varios artistas, entre ellos el recordado Hernán Figueroa Reyes, se ocupaban de colocar sillas y organizar la plaza, el escenario era un acoplado playo.
La inicial Bendición, siempre la impartió el cura parroco de Cosquín, en aquellos tiempos el Padre Monguillot y, en ese tiempo Jorge Cafrune cantaba una canción (algo incomoda para la sociedad de aquellos tiempos) que se llamaba "El silbidito", cuando el "Turco" la entonó en el escenario Mayor, las señoras de la "sociedad" pusieron el grito en el cielo, el único que no se quejó fué el amigo de Cafrune, el Padre Monguillot, una anecdota del Festival.


viernes, 22 de enero de 2016

Jorge Cafrune - El Orejano


Illapu: Candombe para José


Los Jaivas: Todos juntos


sábado, 16 de enero de 2016

10, 11 y 12 de Enero – Fiesta Nacional de la Esquila, Río Mayo, Chubut


esquila
Río Mayo localidad del Departamento de Río Senguer, en el sudoeste de la provincia, enclavada en un gran valle y su actividad principal es la ganadería, cuenta con los servicios indispensables para el turista y permite además la práctica de actividades tales como pesca deportiva, cabalgatas, ciclismo de montaña y trekking.
Del  10 al 12 de enero en  la localidad de Río Mayo, se realiza la tradicional Fiesta Nacional de la Esquila declarada de interés nacional en el año 1985,  donde los visitantes pueden apreciar de la destreza y rapidez que caracteriza a los esquiladores de la zona que clasifican y embalan la lana.
El evento principal de esta fiesta popular es la competencia en la que los participantes deben tratar de hacer el mejor tiempo de esquila sin dañar al animal.
Para esta actividad se practica la esquila en ovejas, guanacos y vicuña, además se puede disfrutar del hilado de la lana para la vista de todo el público asistente,  la gran jineteada que cuenta con categorías de Gurupa Surera, Crina Limpia y Doma con Bastos y Ensimera, el desfile de distintas delegaciones gauchas que concursan por la mejor soga, mejor chapeado y mejor caballo, y degustar de platos típicos de la zona.
Durante los tres días que dura el evento, el visitante tendrá la oportunidad de estar en contacto directo con el mundo rural y con las riquezas de la tradición y el folklore de la región, ya que sumado a las destrezas criollas y la esquila, sumado a todo ello, la elección de la Reina del Vellón y de la Reina Nacional de la Esquila que son  sin lugar a dudas un atractivo más de la Fiesta.