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Revista "Madre Tierra"
martes, 14 de febrero de 2017
LUCIANO, LOS TEKIS, LOS HUAYRA Y PURIJ INAUGURAN LA 48º FIESTA NACIONAL DEL QUESO.
domingo, 12 de febrero de 2017
miércoles, 8 de febrero de 2017
Yuyo Gonzalo “El Heredero” ovacionado en el 15° Festival Nacional de Danzas de la ciudad de Baradero
Con un marco increíble de público en el Anfiteatro Municipal, se llevó a cabo el 15º Festival Nacional de Danzas “Baradero Baila 2017”. El espectaculo conto con mas de 1000 bailarines en escena, tambien se realizo un gran homenaje al recientemente desaparecido Horacio Guarany brindado por su HEREDERO Yuyo Gonzalo
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Este ultimo fin de semana se llevo a cabo 15º Festival Nacional de Danzas “Baradero Baila 2017”, Mas de 1000 bailarines en escena, un desarrollo impecable y un nivel artístico para destacar. el trabajo del Ballet Municipal Sixto Palavecino y el Cuerpo de Bombos Renacer de Mi Pueblo,
La conducción estubo a cargo de Walter Bicay Ruiz (EL VASCO) dicho evento se desarrollo desde las 20.30 hs conto con 30 ballets en escena, Además del valor artístico de la noche, la cantina fue a beneficio del G.A.D., y la costa del río Baradero se pobló de carpas debido a este espectáculo que año tras año hace brillar a ciudad la ciudad del encuentro
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Promediando la media noche llego el momento folklorico cuando el Baraderense Jonathan Reynoso subia excenario. pero la gran sorpresa anunciada por su conductor Walter Bicay Ruiz llego cuando en el excenario se anuncio el gran homenaje al gran Horacio Guarany y este estaba a cargo nada mas ni nada menos que la perdona que lo acompaño durante los ultimos 15 años Yuyo Gonzalo
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Yuyo acompano mas de 15 anos al Potro Guarany quien lo tomo de su mano y presento en todos los escenarios del pais y el mundo,nombrandolo como su HEREDERO, SUCESOR Y DISCIPULO y hoy en dia dirige su templo de Folklore el asador criollo PLUMAS VERDES en Lujan en el cual se presenta todos los sabados y domingos con gran exito y artistas invitados
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El expectaculo comenzo con los temas mas conocidos de Guarany con una gran ovacion del publico coreando cada tema que interpretaba Yuyo acompañado de sus hemanos Gabriela y Cristian Masseroni sus musicos que la acompañan hace mas de 20 años otro momento emocionante fue cuado el excenario se lleno de bailarines desarollando una coreografias unicas a cada cancion interpretada por EL HEREDERO
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Raly Barrionuevo vuelve a armar su “Peña en el Patio” en Ciudad Cultural Konex
El cantautor santiagueño vuelve a la Ciudad Cultural Konex para desarrollar por segundo año consecutivo el evento, que apunta a toda la familia. Será el 19 de febrero, desde las 18.
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Tras haber presentado en la Ciudad Cultural Konex el verano pasado su disco "El sueño del viajero", esta vez Raly Barrionuevo encabezará una peña en la que desplegará sus zambas y chacareras en la noche porteña.
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37 años de la muerte del "Turco" Cafrune
| Se cumplen 37 años de la trágica muerte del barbado cantor de estampa gaucha “El Turco” Jorge Cafrune |
El artista folclórico Jorge Cafrune, de barbada estampa gaucha y gran magnetismo, murió hace 37 años víctima de un trágico y a la vez confuso accidente, nunca esclarecido, que ocurrió la madrugada del 1 de febrero de 1978 en la localidad bonaerense de Benavídez.
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El cantor, de 40 años, sufrió el accidente que le ocasionó la muerte en la ruta 27, a la altura de Benavídez, al ser embestido por una camioneta conducida por Héctor Emilio Díaz, de 19 años.
Cafrune iba montando a caballo rumbo a Yapeyú (Corrientes), junto a su amigo Fino Gutiérrez, para participar del homenaje por el bicentenario del nacimiento del general San Martín. Días antes había actuado en el Festival de Folclore de Cosquín, donde no solamente incluyó en su repertorio una canción prohibida por la dictadura militar (al respecto hay dos versiones contrapuestas, una indica que fue “Zamba de mi esperanza” y la otra que se trató de “El orejano”), sino que anunció que haría un raid hípico al lugar del nacimiento del prócer llevando consigo un cofre con tierra de Boulogne Sur Mer, la ciudad francesa en la que murió el Libertador. En el libro “Jorge Cafrune-memoria de un hombre libre”, publicado en Córdoba en 2004 por Héctor Ramos, se recupera el anuncio de esa travesía y se dice que Cafrune expresó al respecto: “Me amenazaron diciéndome que si hago el viaje moriré. Dicen que un zurdo no puede mancillar la tierra de San Martín. Siempre dije que no soy comunista, que soy nacionalista con `c` y no con `z` y que no me alineé como cantor de protesta. Yo le canto al pueblo”. Las crónicas de la época consignaron que el conductor no sólo atropelló a Cafrune y a su caballo blanco, sino al otro jinete (Gutiérrez) que marchaba varios metros adelante; detuvo la camioneta recién a 200 metros del lugar donde se había producido el impacto y luego se alejó del lugar, sin ayudar a las víctimas. Aunque sufría la rotura de diez costillas y politraumatismo de cráneo, Cafrune llegó con vida a la asistencia pública de Benavídez. De allí lo trasladaron al Hospital Municipal de Tigre, y más tarde volvieron a trasladarlo, esta vez al Instituto del Tórax de Vicente López, trayecto en el que murió. En “Militancia de la canción. Política en el canto folclórico de la Argentina 1944-1975”, libro donde volcó su tesis de Maestría en Historia de la Universidad Di Tella, el especialista Carlos Molinero indica que un Cafrune agonizante expresó: “Es mejor que me maten…no aguanto más…Te encargo mis hijos, que no les pase nada”. La investigación recuerda que Cafrune cometió la osadía de entonar una canción prohibida en Cosquín alegando que “aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar”. “Son las palabras de Cafrune las que resultan ácidas, más aún que la canción. Era claro que eran reveladoras de un secreto a voces: había canciones prohibidas y Cafrune se preciaba de no acatar prohibiciones pues el pueblo era más que el gobierno, por terrorífico y poderoso que éste fuera”, escribe Molinero en la página 385 de su volumen. Sumándole signos de interrogación al carácter de accidente que acabó con la vida del creador nacido el 8 de agosto de 1937 en Perico del Carmen, Jujuy, Molinero recurre al testimonio de Teresa Celia Meschiati que aparece en el Nunca Más, quien desde el 25 de septiembre de 1976 y durante 26 meses estuvo detenida-desaparecida en el centro clandestino de detención La Perla. “Los militares allí presentes (en La Perla) coincidieron en que había que matarlo para prevenir a los otros (el que dijo esto fue el Teniente Primero Carlos Villanueva)…”, señaló la presa política al Nunca Más. En otro tramo de su alegato, Meschiati apuntó que “el clima esa semana en La Perla fue de gran nerviosismo. Decían que estaban preparando una `operación especial`…Después Cafrune que volvía a caballo por la ruta fue arrollado por una camioneta que huyó…Grandes abrazos y enormes risas de satisfacción. Dijeron que el operativo especial `se había cumplido`”. Cafrune saltó a la popularidad en el festival de Cosquín de 1962, luego de haber participado de los grupos Las Voces de Huayra y Los Cantores del Alba. El "Turco" fue quizás una de las personalidades más magnéticas del folclore. Serio, barbado, de entonación clara y tonos bajos, mucho más joven que lo que se creía, el trovador que popularizó la "Zamba de mi esperanza" nutría su repertorio con la temática yupanquiana ("Coplas del payador perseguido", "La alabanza"). "Virgen india", "Mi luna cautiva", "Santafesino de veras", "Chiquillada", "No te puedo olvidar" y "Resolana" fueron algunas de las canciones más celebradas por su público. En su voz, que evocó el drama del gaucho perseguido, revivían los caudillos federales y los versos del "Martín Fierro". Sus presentaciones públicas y sus actuaciones incluyeron, allá por 1973, su participación en la película "Argentinísima" y el programa de igual nombre que se emitía por Canal 11. Proveniente de familia campesina, antes de ser cantor se recibió de bachiller y trabajó como chofer en un aserradero. Años más tarde llegaría a los escenarios españoles como un símbolo de la vida libre y errante del gaucho. Cuatro hijas de su primer matrimonio -la cantante Yamila es la mayor- y dos hijos del segundo -que concretó con una española- componen la familia del hombre que desde 1972 alternaba su estadía entre Europa y la Argentina. |
CASIANA TORRES
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domingo, 29 de enero de 2017
Los Nocheros: “Siempre tuvimos claro cómo debía ser nuestro canto”
Al cabo de andar tres décadas, Los Nocheros regresan mañana al festival que los puso en la gran escena nacional y los proyectó como una de los grandes figuras que marcarían el ánimo de la música popular argentina de los años ‘90.
En Cosquín, comenzó a suceder hace 24 años, y de aquella vertiginosa popularidad aún persiste una energía que los mantiene como uno de los imanes de los escenarios de las grandes reuniones.
Mario Teruel –uno de los cuatro integrantes junto a su hermano Kike, Rubén Ehizaguirre y a su hijo Álvaro (ingresó hace poco más de 10 años para reemplazar a Jorge Rojas)–, es uno de los que fue parte de aquel amanecer de sueños en alto y del fenómeno.
“Cosquín siempre tiene su cosquilleo. Es un escenario muy importante, a pesar de todo lo que pasa, de todo lo que dicen año tras año. Para nosotros, para todos los cantores, es un escenario que siempre tiene muchos desafíos”.
–Recordemos la primera vez.
–Fue en 1993. Íbamos a cantar y a guitarrear en la Confitería Real. Era nuestra base de operaciones. Había amigos como “el Toca” Pedraza que nos habían conseguido que subiéramos a cantar un tema en el domingo del cierre, como a medianoche. Con nosotros estaba “El Pala” (Enrique Aguilera). Cantamos La Cerrillana y explotó la plaza. Nos pidieron otras y ahí sí hicimos Al rojo vivo, una de las canciones nuevas que traíamos. Nos hicieron firmar un contrato para regresar en 1994 a cantar gratis. Y volvimos ya con Rojitas (Jorge Rojas).
–Había una discusión bárbara. Parecía que estaba entre Yamila Cafrune y Alberto Oviedo, y sus discográficas presionaban. Entonces, calculo que en un fallo tremendamente salomónico aparecieron Los Nocheros, que no teníamos compañía.
–Con ustedes funcionó ese poder mágico de Cosquín de señalar a un artista y ponerlo en la gran escena.
–Fue el trampolín: todo el mundo habló de nosotros. Desde ese día no paramos. Estábamos con Ariel Carrascosa de representante, y se unió Norberto Baccon. Los dos se peleaban para hacernos cantar, y nosotros estábamos fascinados de ir a todos lados.
–Debe haber sido muy fuerte encontrarse de pronto con esa dimensión del éxito, con multitudes en todas partes.
–Uno sueña con que te pasen todas estas cosas, pero nunca imaginábamos que con el primer disco se iba a armar tal revolución, que después se hizo más grande con el segundo, y aún más con el tercero. Cuando llegó Signos, ya estábamos hablando de una mirada hacia toda Latinoamérica con nuestras canciones. Íbamos y veníamos convertidos en megaestrellas con zambas y chacareras. El periodismo hablaba de folk–pop, folk–romántico, folklore–erótico, 10 mil rótulos.
–¿Y qué eran ustedes para ustedes mismos?
–Un cuarteto salteño que creció escuchando a Los Cantores del Alba, Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Los de Salta, los Tucu Tucu, Las Voces de Orán... y de todos teníamos un poquito, porque esa era nuestra información.
–Pero enseguida pusieron otro sonido en escena, con bajo, batería y polémica.
–Con ese asunto de ponerle la batería y el bajo, se armó. Pero nunca lo pensamos por lo musical, sino por lo sonoro. Eran los colores de la edad que teníamos, porque también nos hemos criado escuchando a Charly, Fito, Soda. No sabíamos entonces lo que era fusión. Simplemente teníamos ese instinto de cuarteto salteño, con tres guitarras y un bombo, al que le incorporamos un bajo y batería. Los primeros tres discos fueron así. Luego, con la idea de la banda, empezamos a fortalecernos. Nos hemos basado siempre, en los colores y los sonidos, más que en la cuestión armónica.
–¿Sólo en los colores y en los sonidos?
–Mientras tanto, siempre tuvimos claro cómo debía ser nuestro canto, como es el salteño... con mucha carga emotiva.
–Tres voces y algo más.
–Hacemos tres voces con una octava. Después, en el acorde compuesto y en el momento indicado, sumamos otras. Pero siempre pensábamos en el unísono para decir quienes somos. Ahí estaba el color nuestro, la identificación del cuarteto. Luego, con las voces de Jorge (Rojas) y del “Negro” Rubén (Ehizaguirre), el poder interpretativo de cada uno, los arreglos vocales sonaban sorpresivos.
–Álvaro vino con su forma de cantar más moderna que la nuestra, pero obviamente sabiendo cómo se canta en Los Nocheros. “El Negro” Rubén y Jorge dejaron marcadas formas de expresar en toda la generación cantora que viene atrás nuestro. Para estar en Los Nocheros, se necesita esa manera, y Álvaro la tiene. Pero además de lo vocal, tenía que ocupar un lugar vacío muy difícil. El reemplazante de Jorge tenía que ser alguien con quien nos sintiéramos absolutamente cómodos.
–Mientras tanto, se ha pronunciado una estética de rock en el sonido, con la guitarra eléctrica distorsionada.
–La estética musical de la banda es muy precisa, muy clara desde hace tiempo. Somos conscientes de que la banda fue lo que nos hizo diferentes. Hace unos años que empezamos a pensar en esta fusión. Show a show, vamos buscando versiones sobre las mismas canciones que siempre nos pide la gente. La canción sigue siendo la misma, en las voces sigue sonando igual, pero siempre hay un matiz nuevo que se puede advertir.
–Nosotros, junto con “la Sole”, con “el Chaqueño”, hemos tenido siempre una exposición muy grande; la tevé y la radio siempre nos ha dado bola. Entonces, es lógico que los chicos nos escuchen, nos vean. Y cuando la canción pega, todo el mundo le va por detrás. Lo digo de una manera respetuosa y sin agrandarnos: sentimos que en nuestros discos y show, las ideas que planteamos quedan como una tendencia para los chicos.
–Ellos no sólo buscan su sonido, sino, acaso, repetir la fórmula de su éxito.
–La formula de éxito no existe. Ni siquiera nosotros podemos apegarnos a una. Y siempre está primero el toque de magia que te da algún autor que te trae esa canción, ese estribillo bendito que todos estamos buscando. Siempre buscamos esa canción que nos conmueva, que nos devuelva alegría, y si nos puede dejar una frase que nos acordemos, mejor.
–Si hay una cosa que le gusta al salteño, además de cantar, es cantarle a las mujeres. Hemos aprendido de los valses y las serenatas de Los Cantores del Alba, y de todas las canciones románticas, que las cosas deben ser así. Nos prestan oído, nos dan bola, y así es muy lindo cantarle a las chicas.
–Para ustedes, entonces, la canción romántica y el folklore son el mismo mundo.
–La zamba en Salta tiene la connotación de un bolero. La poesía salteña, desde el autor que tomes, es romántica. Y nosotros nos hemos criado con esa costumbre de acercarnos a las chicas con canciones románticas, seguimos así.
–Por eso han sido cuestionados por superficiales.
–Pero nosotros estábamos abrazados con todas las chicas. Entonces, qué nos importaban la críticas que nos hablaban de ser superficiales, si nuestra canción era tan bien tomada por todos, y especialmente por las chicas.
En Cosquín, comenzó a suceder hace 24 años, y de aquella vertiginosa popularidad aún persiste una energía que los mantiene como uno de los imanes de los escenarios de las grandes reuniones.
Mario Teruel –uno de los cuatro integrantes junto a su hermano Kike, Rubén Ehizaguirre y a su hijo Álvaro (ingresó hace poco más de 10 años para reemplazar a Jorge Rojas)–, es uno de los que fue parte de aquel amanecer de sueños en alto y del fenómeno.
–Recordemos la primera vez.
–Fue en 1993. Íbamos a cantar y a guitarrear en la Confitería Real. Era nuestra base de operaciones. Había amigos como “el Toca” Pedraza que nos habían conseguido que subiéramos a cantar un tema en el domingo del cierre, como a medianoche. Con nosotros estaba “El Pala” (Enrique Aguilera). Cantamos La Cerrillana y explotó la plaza. Nos pidieron otras y ahí sí hicimos Al rojo vivo, una de las canciones nuevas que traíamos. Nos hicieron firmar un contrato para regresar en 1994 a cantar gratis. Y volvimos ya con Rojitas (Jorge Rojas).
Sin compañía
–Y ahí nomás recibieron la Consagración.–Había una discusión bárbara. Parecía que estaba entre Yamila Cafrune y Alberto Oviedo, y sus discográficas presionaban. Entonces, calculo que en un fallo tremendamente salomónico aparecieron Los Nocheros, que no teníamos compañía.
–Con ustedes funcionó ese poder mágico de Cosquín de señalar a un artista y ponerlo en la gran escena.
–Fue el trampolín: todo el mundo habló de nosotros. Desde ese día no paramos. Estábamos con Ariel Carrascosa de representante, y se unió Norberto Baccon. Los dos se peleaban para hacernos cantar, y nosotros estábamos fascinados de ir a todos lados.
–Debe haber sido muy fuerte encontrarse de pronto con esa dimensión del éxito, con multitudes en todas partes.
–Uno sueña con que te pasen todas estas cosas, pero nunca imaginábamos que con el primer disco se iba a armar tal revolución, que después se hizo más grande con el segundo, y aún más con el tercero. Cuando llegó Signos, ya estábamos hablando de una mirada hacia toda Latinoamérica con nuestras canciones. Íbamos y veníamos convertidos en megaestrellas con zambas y chacareras. El periodismo hablaba de folk–pop, folk–romántico, folklore–erótico, 10 mil rótulos.
–¿Y qué eran ustedes para ustedes mismos?
–Un cuarteto salteño que creció escuchando a Los Cantores del Alba, Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Los de Salta, los Tucu Tucu, Las Voces de Orán... y de todos teníamos un poquito, porque esa era nuestra información.
–Pero enseguida pusieron otro sonido en escena, con bajo, batería y polémica.
–Con ese asunto de ponerle la batería y el bajo, se armó. Pero nunca lo pensamos por lo musical, sino por lo sonoro. Eran los colores de la edad que teníamos, porque también nos hemos criado escuchando a Charly, Fito, Soda. No sabíamos entonces lo que era fusión. Simplemente teníamos ese instinto de cuarteto salteño, con tres guitarras y un bombo, al que le incorporamos un bajo y batería. Los primeros tres discos fueron así. Luego, con la idea de la banda, empezamos a fortalecernos. Nos hemos basado siempre, en los colores y los sonidos, más que en la cuestión armónica.
–¿Sólo en los colores y en los sonidos?
–Mientras tanto, siempre tuvimos claro cómo debía ser nuestro canto, como es el salteño... con mucha carga emotiva.
–Tres voces y algo más.
–Hacemos tres voces con una octava. Después, en el acorde compuesto y en el momento indicado, sumamos otras. Pero siempre pensábamos en el unísono para decir quienes somos. Ahí estaba el color nuestro, la identificación del cuarteto. Luego, con las voces de Jorge (Rojas) y del “Negro” Rubén (Ehizaguirre), el poder interpretativo de cada uno, los arreglos vocales sonaban sorpresivos.
–Ese color del unísono de Los Nocheros es la marca que no se puede copiar, y lo sigue siendo desde que se sumó Álvaro."Siempre tuvimos claro cómo debía ser nuestro canto, como es el salteño... con mucha carga emotiva", dice Teruel.
–Álvaro vino con su forma de cantar más moderna que la nuestra, pero obviamente sabiendo cómo se canta en Los Nocheros. “El Negro” Rubén y Jorge dejaron marcadas formas de expresar en toda la generación cantora que viene atrás nuestro. Para estar en Los Nocheros, se necesita esa manera, y Álvaro la tiene. Pero además de lo vocal, tenía que ocupar un lugar vacío muy difícil. El reemplazante de Jorge tenía que ser alguien con quien nos sintiéramos absolutamente cómodos.
–Mientras tanto, se ha pronunciado una estética de rock en el sonido, con la guitarra eléctrica distorsionada.
–La estética musical de la banda es muy precisa, muy clara desde hace tiempo. Somos conscientes de que la banda fue lo que nos hizo diferentes. Hace unos años que empezamos a pensar en esta fusión. Show a show, vamos buscando versiones sobre las mismas canciones que siempre nos pide la gente. La canción sigue siendo la misma, en las voces sigue sonando igual, pero siempre hay un matiz nuevo que se puede advertir.
Vistos y oídos
–Desde que aparecieron, no han dejado de salir grupos que tratan de parecerse a ustedes. –Nosotros, junto con “la Sole”, con “el Chaqueño”, hemos tenido siempre una exposición muy grande; la tevé y la radio siempre nos ha dado bola. Entonces, es lógico que los chicos nos escuchen, nos vean. Y cuando la canción pega, todo el mundo le va por detrás. Lo digo de una manera respetuosa y sin agrandarnos: sentimos que en nuestros discos y show, las ideas que planteamos quedan como una tendencia para los chicos.
–Ellos no sólo buscan su sonido, sino, acaso, repetir la fórmula de su éxito.
–La formula de éxito no existe. Ni siquiera nosotros podemos apegarnos a una. Y siempre está primero el toque de magia que te da algún autor que te trae esa canción, ese estribillo bendito que todos estamos buscando. Siempre buscamos esa canción que nos conmueva, que nos devuelva alegría, y si nos puede dejar una frase que nos acordemos, mejor.
–“La canción sigue siendo la misma”, decís. Es decir, siguen por ese camino compartido entre los temas románticos y el folklore más tradicional."La canción sigue siendo la misma, en las voces sigue sonando igual, pero siempre hay un matiz nuevo que se puede advertir".
–Si hay una cosa que le gusta al salteño, además de cantar, es cantarle a las mujeres. Hemos aprendido de los valses y las serenatas de Los Cantores del Alba, y de todas las canciones románticas, que las cosas deben ser así. Nos prestan oído, nos dan bola, y así es muy lindo cantarle a las chicas.
–Para ustedes, entonces, la canción romántica y el folklore son el mismo mundo.
–La zamba en Salta tiene la connotación de un bolero. La poesía salteña, desde el autor que tomes, es romántica. Y nosotros nos hemos criado con esa costumbre de acercarnos a las chicas con canciones románticas, seguimos así.
–Por eso han sido cuestionados por superficiales.
–Pero nosotros estábamos abrazados con todas las chicas. Entonces, qué nos importaban la críticas que nos hablaban de ser superficiales, si nuestra canción era tan bien tomada por todos, y especialmente por las chicas.
Apuntes antes del final: encendida la plaza, se ilumina Cosquín
Los ojos negros de Dino Saluzzi, bien abiertos por encima del atril, lanzaban su mirada intensa, escrutadora, hacia la gran mirada de la plaza. Y entre el silencio y las notas que capturaban la sensibilidad del aire, el encuentro sucedió, al cabo de muchos años de desencuentros.
Una semana después, Soledad y Luciano Pereyra, con aires de comediantes improvisados, conversaban sentados en sus banquetas mientras la plaza más repleta de las siete que hubo hasta entonces, seguía el diálogo con una inusual atención y una sonrisa quieta, como pintada. Después, pondrían dos canciones en la ranura para tratar de ver la vida del color que la veía Horacio Guarany.
Los retratos de estas dos escenas del Festival aún en acción –la primera y casi la última a la hora de escribir estas palabras–, acuden para ilustrar a grandes trazos la inmensidad que cabe en el universo de Cosquín.
Una inmensidad que en esta edición pareció extenderse. Por eso vale el gesto, la persistencia en entenderse con Saluzzi, y la decisión de ubicarlo en la apertura.
Para quienes imaginaban algo más intenso, comenzar con un artista que hace convivir las notas con el silencio, no fue el mejor modo. Pero hacerlo con una de las figuras sobresalientes del arte argentino en el mundo, es una manera de abrir apuntando alto (en 2016 fue con Jaime Torres).
Primeros pasos
Volver sobre los primeros pasos de esta edición ayuda a describir la intención de los organizadores sobre el universo musical posible y el contenido artístico de la mayor fiesta de la cultura popular argentina. En esa dirección suman las referencias a dos enormes de la música nuestra que en su momento vital no tuvieron lugar en el gran escenario: el gran homenaje a Cuchi Leguizamón y la asistencia de la maravillosa orquesta Los Amigos del Chango, que ha retenido el espíritu alumbrador y dinámico de Farías Gómez.
Esta vez, por otra parte, todas las grandes figuras convocantes estuvieron presentes, lo que le dio un ejercicio constante de multitudes ansiosas, pero entre las que también se pudieron amparar expresiones de otra contextura y otras aspiraciones. Hace tiempo que el público en la plaza se muestra dispuesto a acompañar propuestas distintas, puesto que la variedad es la naturaleza de festivales como éste.
La programación apareció con un criterio equilibrado, más allá de ausencias que nunca hay que dejar de notar. Y de un subrayado homenaje a Guarany, que sólo apareció disperso en el ánimo de muchos artistas.
Si de naturaleza festivalera se trata, la de Cosquín es diferente puesto que su misión es ser la gran caja de resonancia de la música argentina de raíz folklórica. Por eso que su criterio artístico y estético tiene un peso específico mayor al de los demás, que suelen resolver sus programaciones sin preguntarse demasiado.
Mientras, y más allá de la constancia de los sólidos referentes (la celebración de los 50 años de Los Carabajal fue una emoción imborrable), hay una generación que hace tiempo emergió y es la que sostiene hoy la expectativa del porvenir en escenarios como éste (Bruno Arias, Ramiro González, José Luis Aguirre...).
El universo de Cosquín va mucho más allá de la plaza, y ese es otro rasgo decisivo... el festival sucede en todas partes: en las peñas habilitadas, en las espontáneas, en los patios, en los balnearios, en los camping, simplemente en las calles. No hay un momento en el día en que no acuda a los oídos alguna nota despierta. Son nueve lunas y sus días y sus madrugadas: eso debería ser siempre tenido en cuenta en el juicio de las miradas que se hacen de Cosquín sólo a través de la pantalla.
Pero nada sería posible si la plaza no se enciende. Y otra vez ha sucedido, en el aire vibró la música; la gente, en gran cantidad, trajo sus ganas de sentir y de cantar, y los planetas y asteroides del cosmos coscoíno giraron alrededor. Hubo grandes momentos, algunos inolvidables.
A partir de mañana, la sed del regreso comenzará lentamente a picar.
El premio Consagración de Cosquín: cuando la plaza da su veredicto
La costumbre se repite cada año: apenas Cosquín comienza a desandar sus primeras lunas (incluso algunos aseguran que las especulaciones abren antes), las apuestas sobre los posibles candidatos para quedarse con el premio Consagración se echan a rodar.
Un galardón que históricamente estuvo rodeado de polémicas, acusaciones y hasta bochornos (todavía está latente el recuerdo de 2015 con los formoseños Quórum, que ni siquiera recibieron las estatuillas originales) pero sigue siendo codiciado por la mayoría de los artistas que llegan al festival mayor del folklore.
Un caso emblemático es el de Víctor Heredia, quien justamente esta noche estará celebrando con un show muy especial los 50 años de su debut Cosquín. Aunque el premio Consagración lo recibió recién dos años después, en esa primera aparición la ovación de la plaza le valió el de Revelación juvenil, destacado concurso que se realizaba esos años.
“Había un jurado conformado, pero los integrantes se guiaban por los aplausos de la gente. Mirá la fuerza que tenía esa plaza que me puso en las manos mi primer contrato discográfico con el sello (RCA Victor) que me había rechazado dos veces antes”, rememora Heredia muy movilizado por la actuación de hoy en la apertura de la última luna. Luego completa la genial anécdota: “Ahí ya conocí a Mercedes Sosa y al mismísimo Yupanqui. Me lo presentó Alma García, una maestra tucumana divina que creo que estaba en el jurado. Me llevó de la mano por todo Cosquín y cuando estaba frente a él le canté una canción bien revolucionaria. Me miró serio y me dijo: ‘Va a tener que sostener con el cuerpo lo que diga con la boca’, una pequeña sentencia que no olvidaré jamás”.
Más acá en el tiempo, está el caso de Los Nocheros, Soledad, Abel Pintos, quienes fueron consagrados en los años ‘90 y enseguida se convirtieron en los convocantes de las décadas siguientes. “Cada artista consagrado en Cosquín fue luego un artista nacional. Que haya un poco perdido esa fuerza depende de que se tome conciencia de que lo que significa esto de parir artistas. No hay artistas que hayan sido consagrados en los últimos cinco o 10 años que puedan darle continuidad a lo que pasó con nuestra camada”, dijo Jorge Rojas.
Los candidatos
Para esta edición, uno de los que vuelve a sonar bien fuerte es José Luis Aguirre, el “chuncano” afincado en Anisacate que se quedó en las puertas en la pasada edición y nuevamente conmovió a la plaza en la noche de apertura. Otros nombres son los de Nahuel Pennisi (no lo favoreció el horario, ya que actuó luego de Abel Pintos), Milena Salamanca que cantó y dijo con personalidad y los riojanos “Bruja” Salguero y Ramiro González, que hace rato vienen haciendo méritos.
Para esta edición, uno de los que vuelve a sonar bien fuerte es José Luis Aguirre, el “chuncano” afincado en Anisacate que se quedó en las puertas en la pasada edición y nuevamente conmovió a la plaza en la noche de apertura. Otros nombres son los de Nahuel Pennisi (no lo favoreció el horario, ya que actuó luego de Abel Pintos), Milena Salamanca que cantó y dijo con personalidad y los riojanos “Bruja” Salguero y Ramiro González, que hace rato vienen haciendo méritos.
¿Se quedará en Córdoba? Sería justo y necesario.
MUSICOS TUCUMANOS FESTEJARAN EL DIA NACIONAL DEL MUSICO.
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Cosquín 2017. La última NOCHE
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