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Revista "Madre Tierra"

martes, 2 de febrero de 2010

Cosquín 2010









Décima noche festivalera


Cosquín continúa convocando artistas y amigos, para que juntos le canten al festival en su aniversario. En la décima luna, el escenario Atahualpa Yupanqui dio la bienvenida al grupo chileno Illapu. La Delegación de la Provincia de Mendoza llegó para celebrar junto a Cosquín. El trío coscoíno, Ceibo, subió al Escenario Mayor con su música y sus voces para festejar a su ciudad natal, que hoy está de fiesta. También estuvo presente el cantor César Isella junto al grupo La Calandria.

Japón estuvo presente para mostrar como viven el folclore argentino del otro lado del mundo, de la mano de Pelusa Tacunau Trío. Al centro de las tablas se subió el guitarrista, Juan Falú. La magia de sus dedos acariciando las cuerdas, llenó de notas el vientito serrano. Horacio Banegas también fue parte del Cosquín de Oro. El trío femenino, Aymama subió al Yupanqui con la sonora musicalidad de sus voces. También fue el turno para el Triunvirato del Litoral. La cantante tucumana Adriana Tula, acompañada por los bailarines, también fue parte de esta décima noche de Cosquín. El Dúo Coplanacu volvió al escenario mayor.

Roberto y Julio llegaron para brindar su repertorio de canciones. Otro dúo subió a las tablas, Romero–Andersen, ganadores como Conjunto Instrumental del PreCosquín, jóvenes guitarristas que sorprendieron con su talento y se ganaron el aplauso de toda la plaza. Ramón Ayala, junto a Joselo Schuap, formó parte de la noche. También subieron al escenario Marité Berbel y el poeta riojano Pancho Cabral. Miguel Ángel Rivaynera deslumbró. El Ballet Camin desplegó su gracia en su celebración a Argentina.


En esa noche se vivió también un emotivo homenaje a tres mujeres increíbles: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana Azurduy, a cargo del Dúo Enarmonía. El Ballet de Salta preparó la fiesta norteña con el baile y colorido de los carnavales, que continuarían con la explosión de Los Kjarkas, cuyo espectáculo se extendió durante más de una hora. El público de la Próspero Molina cantó y bailó al ritmo de la música del altiplano.

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