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Revista "Madre Tierra"

jueves, 28 de enero de 2016

Soledad Pastorutti: "Sigo siendo una topadora"


A 20 años de su primera actuación en el Festival de Cosquín, celebrará el martes en la Plaza Próspero Molina. El ofrecimiento que le hicieron para hacer política y su defensa a Lali Espósito.

"La Sole" no descarta dejar Arequito y mudarse al exterior (Rubén Digilio).

“Es la última vez que te lo pido. El año que viene no venimos más”, advirtió papá Pastorutti. Cargó un colchón y un secarropas e invitó a la gurisa a desandar camino. Llevaban fiambrín para engañar los estómagos mientras unían los 420 kilómetros que separan Arequito de Cosquín. Alquilaron el garage de un paisano para pasar la noche, pero ella no pudo dormir. Cosquín, para la chica, era un cuchilla en el pecho: el año anterior se había ahogado de llanto, después de que le prohibieran actuar por su minoría de edad. Pero el 26 de enero de 1996 fue distinto. “Subí, pero no revolees el poncho”, le dijo un atrevido antes de que “La Sole” subiera al escenario del festival. Historia de una desobediencia que el miércoles cumplirá 20 años.
Los detalles del recuerdo engrandecen más el recuerdo. Soledad aprieta los dientes cada vez que le vuelve la sensación de aquel regreso desde Cosquín. En Las Rosas, el pueblo de sus músicos, los esperaba la autobomba. En Villa Eloísa un avión fumigador le arrojaba papelitos de colores. En Arequito, la saludaban 2.000 manos. “Mi casa estaba llena de graffitis, me habían pintado el frente y habían puesto pasacalles. El teléfono no paraba: llamaron tres representantes”, se emociona Soledad, 35 años, dos hijas, diez discos, 7.303 días desde aquel poncho revoleado.
Una de las primeras notas de tu carrera comienza así: “La chica despierta muchas mañanas llorando porque no es una chica normal”. ¿Ya no te despertás llorando ni sintiéndote “anormal”?
Soy llorona, pero no recuerdo eso de llorar todos los días. El éxito es abrumador y quizá me costó al principio. Me convertí en figura del medio en un momento en el que el folklore no era representativo de gente de mi edad. No compartía con amigas el gusto por el folcklore, era adolescente, cambios hormonales. Hoy hay mucho de anormalidad en la vida que llevo: 3.000 kilómetros en tres días para mis hijas es normal. Me di cuenta de que soy una persona normal que se convierte en artista, que me pongo un tacazo para esta nota, pero en la vida diaria ando en ojotas. O descalza.
Decían en aquel momento los críticos: “Tiene más carisma que afinación”. ¿Sentís que superaste eso?
Me miraban de reojo, pero siempre uno tiene que mirar el punto de partida. El contexto de un artista. Yo no era profesional, aunque lo pretendía en mis sueños. Era chica. Aprendí cantando en lugares donde la gente no te daba bola y había que gritar. La afinación no me parecía tan grave. Han sido duros conmigo, pero estuvo bien, porque lo tomé para crecer.
¿Tuviste miedo de ser solamente un pasatiempo para el público?
Mis primeros años de carrera los concebí así. Lo pensaba como un golpe de suerte. No era artista en ese momento. Era un hobby. No han surgido muchas figuras femeninas después de mi aparición y pienso: “¿Cuál sería la fórmula? ¿Qué seré yo para toda esa gente? No logro entender la cuestión. En qué lugar me ubico.
¿Te convocaron para un cargo político?
Me llamaron a través de mi viejo. Pero yo no estaba preparada. Fui tentada por el peronismo. Papá es peronista desde hace muchos años. A mí, me parece que es interesante más allá de la historia de un partido, evaluar al candidato. Yo tengo mucha pasión por hacer cosas por otras personas, pero hay que aprender cuáles son las limitaciones de uno. Yo no estudié, yo sé cantar. Puedo ser sensible y entender qué te pasa a vos, pero de ahí a que sepa resolver un problema hay un abismo.
Sos muy cautelosa políticamente. Medida. ¿Creés que puede ahuyentar público el involucrarte?
Para mí nadie hace todas las cosas bien, ni todas las cosas mal. Siento que vivimos en una sociedad que necesita madurar el tema de no intentar que el otro piense igua a mí. Soy cautelosa, lo que te diga hoy a vos queda escrito y eso parece una sentencia de por vida. La verdad, soy una persona que cambia de opinión. Está bien cambiar, así como cambié como cantante. Trabajo desde hace 20 años y me han contratado municipios de todos los colores. Pero no le hago campaña a nadie. Aún estando de acuerdo con la propuesta, no me involucro, porque soy artista del pueblo, no de un político.
¿Aquella vieja propuesta musical de dejar Arequito por Miami es una posibilidad descartadísima a esta altura?
Cuando me casé con Jeremías se lo dije. A él le es dificil sacarlo de su casa y de Arequito. Y yo me acuerdo que le dije dos cosas: “Adentro de casa no se fuma y por mi carrera haría cualquier cosa, incluso irme a vivir a otro lado”. Me va bien, pero ponele que en 20 años nadie quiera saber de mí. (Se rie). Si me dieran la oportunidad en otro lado...
¿Qué secreto sigue teniendo Arequito que es tan difícil cortar el cordón e irse? 
La normalidad. Yo en Arequito soy una más del pueblo. Allá vivo despojada. No estoy todo el día de artista. Voy a la verdulería y nadie se sorprende. Para los actos de escuela de mi hija canto y nadie mira si me maquillé. Allá están mis dos abuelas, mi mamá, mi hermana, vivimos todos al lado, como un minibarrio cerrado.
Para llegar hasta Soledad, hay que pasar antes por Libertad Lamarque, Tita Merello, Lolita Torres. Y no en sentido cronológico ni metafórico, sino literal. “La Guaraní con polleras” -tal como era su viejo apodo- nos recibe en un hotel palermitano cuyo ascensor va pasando, piso a piso, retratos de cantantes argentinas. Ya en la terraza, trepada a un árbol con tacos rojos, la que intenta el retrato perfecto es ella. Este vigésimo aniversario que celebrará en Cosquín la obliga a un recuento: Soledad se ve como la revancha de la bisabuela Laura, una cantante de Potenza Picena (Macerata, Italia) que llegó al puerto de Buenos Aires hacinada y descalza, después de perder un zapatito en el medio del mar. Algo conserva de la chica con casa sin revoque que cobró 200 pesos por cantar en la Fiesta de la Flor 1995, en Escobar. “Sigo siendo una especie de topadora. Siempre algo estoy tramando. Si se me ocurre algo, no me para nadie. Es que, por sobre todas las cosas, cosas amo la vida. Amo la intensidad”.
Un primer beso con un gaucho alcoholizado en una doma. Una primera “revoleada de poncho” involuntaria en Santa Fe, mientras intentaba despabilar público con una chacarera. Una primera película ("La edad del sol") que reunió a un millón de espectadores (1999). Un año de Ciencias Políticas en la Facultad del Salvador. Una invitación al Mundial de Francia 1998 como mascota de la Selección argentina de Daniel Passarella. Un Grammy Latino. Tres Premios Gardel. 20 Gran Rex consecutivos. Más de 1.000 shows. “Nunca defraudé al público”, lanza minutos después de caerse en plena producción fotográfica. No hay raspones ni quejas. “La topadora” avanza.
“Yo quiero ser un producto comercial, porque vivo de esto, pero también hay que ser muy cuidadosos de la propuesta. No por querer llegarle al público voy a pretender querer hacer hip hop o reggaeton. Si me voy un poco, que no sea tan grave como para no poder volver a lo mío”, sonríe. Ya no hay más bombacha de gaucho. Pantalón con flecos, sutilmente sexy. Sole aprendió y reafirmó la feminidad, sin artificios. “El hombre del folcklore por ahí te canta una balada y el público femenino que lo sigue lo ve natural. Cuando canté yo una balada, me culpaban de irme para otro lado. Voy con pie de plomo. Trato de ser muy coherente”.
RECUADRO
"A Lali la banco en Jesús María"
“Creo que lo de Lali Espósito (en Jesús María) estuvo equivocado”, dijo Axel días atrás y sumó leña al fuego. Soledad, en cambio, apoya la actuación de la actriz de Esperanza mía en un festival folklórico. “Desde que tengo uso de razón que Jesús María tiene una noche de lunes que no tiene que ver con el folklore ”, juzga. “El gaucho va a ver la doma y vive la tradición de otra manera, incluso, ajeno a cosas que nosotros creemos cuestión de estado. La polémica le hace bien al festival para lograr estar  está en boca de todos. Mi hija es fan de Lali. Lali tiene chispa, surgió con fuerza, es completa y sabe a dónde va. ¿Cómo va a decir ‘No’ si la contratan?”. 

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